Dreams

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Creo que llega la mejor película de Michel Franco. Un romance entre una socialité norteamericana y un mexicano, contrastando sus vidas y cultura.

Protagoniza Jessica Chastain e Isaac Hernández. 

Michel Franco nuevamente retrata una historia de violencia. A partir del apego, las pasiones de jóvenes adultos. Jessica Chastain hace un trabajo espectacular, como Jennifer McCarthy, una mujer de alta sociedad en Estados Unidos de Norteamérica, y a través de una de sus fundaciones conoce a Fernando Rodríguez, interpretado por Isaac Hernández, un joven profesional del ballet que va iniciando su carrera, colabora en una de las fundaciones de McCarthy. 

Se conocen, y a pesar de sus distintas clases sociales, entablan un romance. Una aventura que parece estar muy bien dimensionada por McCarthy.
La película es un microcosmos de lo que significa la relación México-EUA, a través de sus personajes. Cada personaje representa en profundidad a su propio país y en su unión, la misma dinámica. ¿Qué pasa?

Michel Franco es un gran director que nos lleva de la mano de personajes que no saben qué están haciendo, van inconscientemente respondiendo ante sus pasiones, y eso los lleva a enfrentar problemáticas cruciales donde se ven rebasados, porque no habitan conscientemente. 

Jennifer McCarthy parece que ama a Fernando Rodríguez, pero tampoco se aventura a formalizar su relación, ese miedo y temor va minando la relación, que poco a poco va siendo descubierta por la familia de McCarthy. Ahora, vas sospechando como audiencia qué personaje puede hacer tanto mal. Y la víctima que es Fernando Rodríguez pareciera no responder de ninguna mala forma. Y McCarthy pareciera que no tiene malas intenciones. Parece que el mundo en el que están es el que no permite que haya amor. Fernando Rodríguez por su parte va en busca de sus sueños, quiere convertirse en un bailarín profesional, y con su relación con esta mujer de influencia y poder parece ver una gran oportunidad para asentarse en Estados Unidos de Norteamérica y hacer sus sueños realidad. Pero eso son, sueños. ¿Qué significa su relación con McCarthy? 

Una persona enamorada y con fantasías no habita la realidad. 

Alguien responde mal y denuncia a Rodríguez con intención de que lo deporten a México y no vuelva a Estados Unidos de Norteamérica. La película comienza con el intento de Rodríguez de regresar por la vía indocumentada, ilegal, atravesando una calamidad, dolor y pena. Pero, Rodríguez no solo regresa por su pasión y vocación de bailarín, regresa también porque “ama” a McCarthy. 

Jennifer, por su parte, vamos viendo que se siente en control de la relación porque es superior en economía, estatus, poder político, influencia social. Controla el destino de Rodríguez, y sus temores primarios, en sus miedos iniciales a perder la relación, cometerá todo acto posible para impedir que ya no tenga control sobre Rodríguez. En el punto más álgido de la carrera de Rodríguez, a un paso de iniciar y concretar su sueño hecho realidad vendrá un impedimento orquestado por McCarthy, por miedo a perder la pasión, el amor, la admiración de este hombre que ha buscado quererla y darle placer, inspiración. Y es que McCarthy que tiene una vida definida por su estatus social, parece inspirarse totalmente por la pasión de Rodríguez, que no tiene nada qué perder, tiene sentido de vida, hace lo que le gusta y hace lo que le apasiona. 

Rodríguez viene de abajo. En un momento de rabia perderá todo estribo y noción de la prudencia, al punto de buscar querer responder con el mismo nivel de intimidación con el que ha venido actuando McCarthy, que en los hechos ostenta control político, económico y social desde la potencia número uno, Estados Unidos de Norteamérica. Que eso es algo que también aporta la visión de Franco en su película, un microcosmos a partir de la unión de estos dos signos sociales, hombre y mujer que representan proporcionalmente los juegos de poder entre México y Estados Unidos de Norteamérica. México, encantador por su historia, cultura, por sus pasiones, por su energía, por sus anhelos. Estados Unidos de Norteamérica no puede existir sin su coexistencia con México, sin su interdependencia, sin poder compartir ríos y mares, economía, colaboraciones. Uno no puede existir sin lo otro, y a pesar de todo, se ha continuado con tratar de marginar y de dividir y de estigmatizar y de ordenar poniendo en el lugar que supuestamente le corresponde a cada uno en la pirámide del poder social. 

En una historia de abusos, mentiras, traiciones, apegos, el sufrimiento y la violencia tienen lugar. 


Pertinente para reflexionar como una pequeña relación incide en toda la armonía universal, o en toda su devastación. 



Erick Xavier Huerta


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